Existen muchas razones por las que vivimos pegados a nuestros celulares, pero una de las principales es que las aplicaciones están diseñadas especialmente para mantenernos prendidos a ellas, porque así es como sus creadores ganan dinero.
Estas aplicaciones son parte de lo que se conoce como la “economía de la atención”, donde es, justamente, la atención y los datos sobre cuestiones de nuestro interés los que se venden, en lugar de bienes o servicios.
Cuando estos minutos dedicados, de forma excesiva, a las redes se repiten durante horas, días, semanas y meses, se suman a un gran caudal de tiempo de nuestras vidas.
Los expertos explican que las aplicaciones atrapan la atención imitando las técnicas utilizadas por las máquinas tragamonedas, consideradas uno de los artefactos más adictivos jamás inventados. Esto se debe a que están diseñadas para desencadenar la liberación de dopamina, que es un neurotransmisor que, entre otras funciones, ayuda al cerebro a registrar cuándo vale la pena repetir un comportamiento y luego nos motiva a repetirlo.


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